Me puse un vestido de encaje negro que me llegaba a la mitad de los muslos, haciendo que mis piernas se vieran alargadas, pero sin dejar de ser elegante. A Leo le encantó el largo del vestido. Las mangas cubrían tres cuartos de mis brazos y eran ajustadas, a pesar de que se podía ver mi piel a través del encaje, no se veía vulgar, sino muy elegante. Dejé mi cabello suelto y lacio, pensando que nunca me había sentido tan bien con mi cuerpo y mi cara, hasta ese momento.
No me puse mucho maquillaje