Elia dijo con voz llorosa:
—No estaba llorando, me lastimaste.
Los ojos negros del hombre la observaron, viendo su apariencia diferente a la habitual. Un suéter negro de cuello alto y sencillo que hacía que su rostro se viera conmovedoramente tierno, despertando compasión.
La voz de Luis inconscientemente se suavizó:
—Dices que no lloras, pero las lágrimas ya casi se te caen.
La mujer iba a decir algo más cuando el hombre sostuvo su pie, masajeando suavemente la zona hinchada.
La mujer quiso ret