Al rato, Damián entró.
Se quedó parado en la puerta de la oficina, viendo a Aitana trabajar en el que antes era su escritorio, y por un momento sintió nostalgia y también pena por ella.
Una mujer manejando una corporación de miles de millones, además de tres hijos.
Solo de pensarlo, ¡sabía que era agotador!
Damián por supuesto podía mostrar todas sus cartas directamente, pero después de los comunicados de prensa que había emitido el Grupo Innovar, si hacía eso parecería muy poco serio, haría que