Diciembre, después de la primera nevada el cielo se despejó.
A ambos lados de la autopista, la nieve acumulada cubría las montañas y las ramas de pino, todo era un mar blanco.
En invierno, la mayor parte del río se había congelado, solo donde daba el sol, el agua clara golpeaba la orilla del río, con ondas brillantes y destellos dorados flotando.
Una camioneta negra se dirigía velozmente hacia Las Camelias.
Aitana estaba sentada en el auto, con la cara hacia la ventana, la nariz enrojecida.
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