Los labios de la señora Urzúa temblaban. Sentía vergüenza y rabia, como si hubieran desnudado sus intenciones.
Damián no le ofreció ningún cheque. Su actitud se volvió aún más distante:
— Si realmente no quieres vivir, puedo sugerirte varias formas de morir. Elige la que te resulte más cómoda.
Ahora, la señora Urzúa temblaba como una hoja.
Aparentaba ser peligrosa, pero en realidad era una cobarde. La única verdaderamente despiadada de los Urzúa había sido Mariana.
Durante estos años, Mariana ha