Damián entró en la habitación. Se sentó junto a la cama, extendió la mano para acariciar los rostros de sus dos hijos y dijo en voz baja: —Mateo necesita a alguien que lo cuide, por eso pensé en volver a casarme.
Lina, con lágrimas en los ojos, quiso hablar pero se contuvo.
No entendía por qué Damián se reprimía tanto, por qué no le contaba a Aitana lo ocurrido años atrás, ni sobre su brazo destrozado, ni sobre la enfermedad de Mateo. Si lo explicara, al menos podrían estar juntos como familia y