Aitana no quería enfrentarlo, así que inventó que iba al baño.
Se apoyó contra la pared, sumida en un silencio pensativo, esperando a que Damián se fuera con discreción.
Aproximadamente diez minutos después, la puerta del baño chirrió al abrirse, un rayo de luz blanca se filtró por la rendija, y luego Damián entró a tientas.
En el espacio oscuro, solo estaban ellos dos.
Aitana evitó mirarlo, negándose a comunicarse con él.
Damián se acercó a ella, su imponente figura la envolvió, y él tocó suave