Damián se sobresaltó.
Volteó la cabeza y vio a su madre.
El aspecto de la señora Uribe era terrible: cabello desordenado, maquillaje corrido por las lágrimas, nada quedaba de su imagen de dama elegante.
Damián pensó que había venido a despedirse, así que agitó la mano y continuó hacia el control de seguridad.
La señora Uribe entró en pánico, corrió tras él y gritó—
—¡Damián, no puedes irte!
—Aitana está embarazada.
—¡Aitana está embarazada! Damián, vas a ser padre, es verdad, vas a ser padre.
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