Dominic Blackwood
Hay una imagen que he cultivado durante años: la de un hombre frío, eficiente y letal. La Gárgola de Londres. Mis hombres me temen, mis enemigos me respetan y el sastre de Savile Row sabe que mis trajes deben proyectar autoridad absoluta. Por eso, lo que estaba a punto de suceder en el jardín de la mansión era, técnicamente, un suicidio social.
—Dominic, ¿es en serio? —preguntó Chloe, apoyada en el marco de la puerta de la entrada con una mano en la cintura y la otra tapándose