Chloe Donovan
A la mañana siguiente, el sol de Londres parecía brillar con una ironía particular. Bajé a desayunar con una sonrisa que no podía borrarme del rostro, repasando mentalmente la imagen de los pompones azules y el apellido "Donovan" brillando bajo las luces del cuarto de Mia.
Mia fue la primera en aparecer. Bajó las escaleras con una naturalidad pasmosa, como si no hubiera estado agitando pompones hace diez horas. Llevaba unos auriculares puestos, moviendo ligeramente la cabeza al ri