El aire en la capital Maitana era denso y frío, un otoño gris, árboles desnudos dando un ambiente melancólico en los alrededores de las calles empedradas y los edificios de tonos opacos.
La lluvia caía a cántaros, transformando el campo de batalla en una escena atroz entre barro, agua y sangre.
El viento helado resonaba en los oídos como un lamento, llevando consigo ecos de espadas chocando y gritos por doquier.
En cada rincón, la sangre de los caballeros caídos se mezclaba con los charc