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El Rey, Jhonn Cuarto, se erguía en la plaza central de Maita, el eco de su voz resonando entre las ruinas, cicatrices de la guerra.
La lluvia había cesado, dejando un aire fresco, casi purificador.
—Hoy, Maita no es más que un recuerdo de divisiones —proclamó Jhonn, sus ojos azules zafiros brillando con determinación—. A partir de este momento, Maita será parte de Gorian. Juntos, forjaremos un nuevo futuro.
Sus palabras fueron recibidas con murmullos entre los soldados que aunque