Mundo ficciónIniciar sesiónIsaac Alexander trajo consigo rosquillas glaseadas para todo aquel que se cruzara por su camino esa mañana.
Estaba de muy buen humor. Incluso, Hari, el guardia del complejo de oficinas, notó cierto nuevo aura a su alrededor apenas cruzó por la puerta, o eso dijo él —enigmáticamente— con una enorme sonrisa en los labios.
El empresario lucía y se sentía radiante. Él ni siquiera podía recordar cuando fue la última vez que desayunó algo dulce por la mañana.
—Buenos d







