21. El deber llama
—Mary, alístate, surgió un imprevisto y tenemos que presentarnos en el palacio de la alcaldía —mencionó George Davis en cuanto acomodaba los puños de su camisa. Él deambuló fuera de la oficina con su teléfono celular en la mano—. Cancela cualquier actividad en mi agenda hasta las cinco de la tarde.
—¿Cuál es el motivo, señor? En su agenda hay un par de nombres que me exigirán una explicación por cancelarles sus citas de hoy. —Mary agarró su Tablet y deslizó sus dedos sobre la pantalla.
Georg