Bajamos del avión y subimos al auto, me causa gracia el desespero de mi esposa por saber dónde estamos, abro el portón, la guio con cuidado hasta la casa, abren la puerta y le quito la venda a mi esposa cuando mi familia grita.
—¡sorpresa!
—ella corre de la emoción a abrazar a cada miembro de mi familia, ¡es un placer conocerlos, señores Esposito! Supe que me visitaron cuando estaba en coma y no tendría como agradecerles eso, Kate a ti y a tu madre les debo mucho porque sé que tú les dijiste a