Adrián simplemente salió de la sala sin responder, pero algo en él ya no se sentía igual.
La tensión seguía instalada en la forma en que mantenía la mandíbula firme y el teléfono sujeto con demasiada fuerza entre los dedos mientras avanzaba por el pasillo principal de la corporación sin disminuir el paso. Caminé detrás de él sosteniendo todavía la carpeta contra mi pecho y, por primera vez desde que había entrado en aquella empresa, tuve la sensación incómoda de haber visto una parte de Adrián M