El gemelo Nathan no quitaba el dedo del renglón con la pequeña Jade, el niño era como su sombra, de vez en cuando que se ponía llorona él de inmediato le decía que no debía de llorar por qué era muy molesta
Eran platicas interminables que el gemelo gruñón te iba con Jade, pero ella siempre terminaba llorando por cualquier tontería, aunque la mayoría de las veces era por atención, Nathan pensaba que ya no tenía remedio
Joana también heredó el mismo color de ojos que Jael, está vez le había tocad