NARRADOR OMNISCIENTE
Isabel se habia quedado helada. Samantha, Mónica, Teresa y Evelyn se quedaron viéndola después de haberla escuchado nombrar a Jareth.
El teléfono resbaló de sus manos como si en ellas tuviera mantequilla. Las lágrimas salieron sin pedir permiso, tibias, cálidas. Esta vez noneran de tristeza, era de pura felicidad.
—Isa, háblame— preguntó Mónica revisando e móvil— ¿Estas segura de lo que acabas de decir?
—Sí, era él— susurró poniéndose las manos en el pecho. Las mujeres la