27. Noche mágica
Emir
No podía contener lo que sentía.
Había algo en Valeria que me desarmaba por completo, una necesidad intensa de tenerla cerca, de no soltarla. Mis manos se movieron con cautela, como si temiera que todo desapareciera en cualquier momento.
Ella se detuvo un instante y me miró fijamente. El tiempo pareció congelarse.
Pero entonces sonrió.
Y en ese pequeño gesto, supe que no estaba equivocado.
Sin decir nada, se acercó más a mí, acortando la distancia que aún nos separaba. Su cercanía hacía qu