El Hijo Secreto Del CEO
El Hijo Secreto Del CEO
Por: DaysyEscritora
1. Capítulo

La música estaba por todos lados, altavoces potentes que iban a la par del ambiente distendido en ese club nocturno, Madison se la estaba pasando de lo mejor sin alejarse demasiado de la desconocida, su nombre era Adelaida; resultó ser una amigable mujer, la conoció a las afueras de aquel recinto.

—¡¿Puedes ver desde aquí a ese tipo de allá?! —exclamó animada, ya se dibujaba en su cara una pícara expresión.

El bullicio era terrible y casi era imposible escucharle, pero alcanzó a hacerlo, y su gesto le confirmó que iría a por ello.

El sujeto que ella estaba señalando parecía dominante, incluso a la distancia. Tenía un traje, sí, un poco extraño que llevara corbata. Se miraba tan formal para la ocasión, pero al mismo tiempo imperioso.

—No me digas que... —no le dio tiempo a decir más, ya se estaba alejando de su persona, mientras contorneando las caderas también capturaba la atención de varios.

Se dirigió a la barra, ansiosa por una copa, no era asidua al alcohol, pero ella misma era consciente de que necesitaba hacer cosas diferentes en su vida y salir de ese molde en el que había estado metida. No porque bebiera algo esa noche se iba a convertir en una mala persona. Además, estaba completamente segura de que no perdería el control.

Quería olvidarse de la tediosa realidad, y es que aunado a la inclinación por vivir nuevas experiencias, la acalorada discusión con su padre terminó de empujarla a terminar allí. ¿Realmente debía estudiar leyes? Madison no quería estar atada a un sueño que no le pertenecía, era un objetivo que su progenitor le estaba imponiendo y no lo que ella deseaba hacer. No tenía la culpa en absoluto de que en su momento su papá no lograra convertirse en un exitoso abogado.

Ella tenía que seguir su propio camino.

Bufó.

Sacudió la cabeza para olvidarse de aquel mal rato. Y, se sentó sobre ese taburete, cerca de la barra antes de acomodarse el apretado vestido, que muy ceñido le quedaba. La elección rápida para una esporádica salida.

Ya solo esperaba que no le jugara una mala pasada. Con la escasa tela, pues todo podía ocurrir. Una pieza, un tanto atrevida, a juzgar por su corte en el pecho, y tela que solo sobre las rodillas alcanzaba a tapar, su brillante material terminaba de volverlo sugestivo.

—¿Qué le puedo servir, señorita? La especialidad de la...

—Lo más picante que tenga, aguarda... Lo más fuerte —pidió sin titubeos.

—Bien... —elevó las cejas, un poco sorprendido, antes de embaucarse en la preparación.

Madison quedaba maravillada de la habilidad con la que el chico de fuertes brazos preparaba la bebida.

¿En serio se perdió de todo eso?

El barman hizo su especialidad, dándole una bebida de apariencia azulada. No quería verse inexperta, por lo que, sacó lo mejor de sí, fingiendo que no era esa su primera vez en un club.

—Aquí tiene, Blue Long Island Cocktail... —le reveló en una pronunciación en inglés perfecta.

—Perfecto, gracias.

Llevó a sus labios la copa adornada por una rodaja de limón, después de mover ligeramente el líquido con una pajita.

Era Vodka, ginebra, tequila dorado...

Pudo experimentar ese nivel agridulce, pero balanceado, en su paladar. Así fue como pasó de tomar una sola copa a beberse una ronda que la alejaba cada vez más de estar en todos sus sentidos y consciente de la realidad.

—¡Otra por favor! —arrastró las palabras, riendo sin motivo alguno.

Por supuesto, ya estaba siendo el centro de atención. Aunque la mayoría seguía en lo suyo, bailando, hablando, divirtiéndose. De pronto, Madison se subió a la barra, moviendo sus caderas al ritmo de la canción.

—Pero... ¿Qué es lo que está haciendo? —se preguntó la chica de hace rato, Adelaida, con una sonrisa en el rostro, pero ya no reparó en ello, había algo más interesante por hacer, como seguir el coqueteo con el trajeado.

—¡Vamos, todos, tienen que divertirse! ¡No pierdan el tiempo, la vida es una sola! —exclamó, muchos ya aplaudían, ella hacía el ridículo, sin embargo a esas alturas ya no sé cohibía por nada.

Luego tarareó la canción, hasta que dio un traspiés, cayó, afortunadamente un tipo la pudo atrapar.

—¿Está bien, señorita?

No le respondió.

Ella asintió y su rumbo cambió, necesitando controlarse un poco, el chico se quedó preocupado. ¿Cómo es que podía una chica desatar aquel caos? El desconocido curvó una sonrisa, sin quitarle los ojos de encima, hasta observarla perderse entre la multitud.

Madison en el bamboleo, avanzó como pudo entre el mar de personas. No sabía hacia donde se dirigía con exactitud, incluso se desorientó al verse en medio de un pasillo; pasó de estar bajo el foco de casi todo el club, a estar acorralada por ese tipo que parecía un felino.

—Te esperaba, no entiendo cómo es que te has tardado tanto, eh —reclamó el sujeto posesivo, no lo conocía, de eso estaba segura.

No huía, no quería hacerlo.

Había demasiada oscuridad como para ver su rostro. De seguro era el alcohol en su sistema, lo que la volvía tan atrevida y direccionada a lo desconocido.

—¿A mí? —emitió y el tipo se inclinó a su cuello, dejando un beso.

Él también estaba ebrio.

—¿Quién si no? no seas tonta —gruñó antes de robarse sus labios.

No hubo tiempo a reclamos. Aunque defenderse no era una palabra conocida, unos labios ajenos le robaban hasta la última gota de oxígeno; ella no tenía idea, pero lo poco, fue suficiente para aventarla a puerta cerrada, en una acción errónea e impulsiva. La escena plagada de locura y arrebato, terminó por extinguir el raciocinio, mellando la dirección correcta, cambiando el ritmo a una velocidad estrepitosa.

En algún punto, ese hombre había dicho el nombre de una mujer, pero no era el suyo. No era consciente de nada, estaba cegada por el momento, por una experiencia que distaba de ser familiar para ella.

El final fue dinamita y una ligera bruma de culpabilidad.

Se acomodó en su pecho y cerró los ojos.

¿Qué es lo había hecho?

Se acostó con un desconocido. ¡Dios mío!

...

Ya eran las ocho de la mañana, cuando la explosiva llamada entrante lo despertó. Maldijo en voz baja, lanzando gruñidos. Le dolía hasta la médula, pareciendo que en cualquier momento su cabeza iba a explotar. A su lado, sin extrañarse estaba esa mujer, Harper, cubierta por completo. Negó con la cabeza.

—¿Qué sucede? —averiguó furibundo, estaba de malhumor, solo quería descansar.

—Soy su asistente, Melisa.

—Lo sé, ¿acaso no estás en mi lista de contactos?

—Lo siento señor Jones. Yo...

Su asistente dejó la oración a medias y Nickolas escuchó cuando alguien más habló, pidiéndole el móvil.

—Habla tu padre, oye, ¡¿crees que porque ya eres el presidente, no debes apegarte al horario?! No me hagas enfadar, Nickolas, creí que ya había sido suficiente con todo lo que ha ocurrido.

—¿Te refieres a la reunión? —susurró poniéndose pálido, como una hoja de papel. Sin despegar el móvil de su oreja, ya conseguía ponerse la ropa, se abotonó la camisa y subió la cremallera de su pantalón, olvidando por completo aquel accesorio, ajeno a lo que dejaba atrás, salió apresurado —. ¡Ya voy en camino, padre!

—Eso espero, no hagas esperar nunca a personas importantes. No es nada respetuoso, en absoluto.

—Bien —vociferó —. Lo sé muy bien, papá.

De camino al parking, no dejó de soltar improperios. En primer lugar, no debió concurrir el club un día domingo. Fue lo peor que pudo hacer, mientras que Harper, debió al menos despertarlo. Pero no, ella seguía a pierna suelta durmiendo.

Era una buena para nada, que solo sabía hacer bien una cosa.

Una cosa si era cierta, y es que el magnate no tenía idea que debajo de esas sábanas estaba la chica equivocada y no Harper.

Madison no hizo más que lamentarse al despertar en una habitación desconocida.

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