Ya mi espalda no dolía tanto como antes y los medicamentos que el hombre rubio había llevado para mi parecieron ayudar.
Ya la congestión no eran como antes y podía respirar mucho mejor. Además, descansaba mejor y se me alimentaba tres veces al día para que pudiese tomarme los medicamentos sin dañar mi estómago.
Y el plan estaba funcionando a la perfección. Llevaba ya diez días secuestrada y tres de ellos los había pasado en una habitación del segundo nivel en donde se escuchaba todo perfectamen