Ni siquiera me molesté en esperar que se quitara, lo rodeé sabiendo que no me tocaría y me acerqué a Sabueso colocándome delante de él.
—¿Qué vas a hacer? —cuestioné intentando que mi voz no sonara temblorosa. Era lo menos que quería cuando todos sus hombres nos estaban rodeando.
—Voy a matarlo —dejó bien en claro —hazte a un lado, Dalia.
—No, joder, no. No tienes razón para matarlo.
—Dije muy claramente que me cargaría a cualquiera que te tocara, él te tocó, desobedeció una orden y ahora p