Aun no podía creer que fuera tan mala disparando. Tenía todos estos días practicando y mi puntería parecía empeorar en vez de mejorar.
Era sábado y Adam ya se encontraba en la casa de ese niño para pijamada con sus amigos. Khail hizo que pusieran un micrófono en la mochila de Adam y mandó a varios guardias a rodear la casa por si algo salía mal.
No me atreví a refutarlo, pues considerando que solo eran cuidados extras que mantenían a mi hijo a salvo.
Unos pasos me alertaron de que alguien se