Fernando sentía una mezcla de compasión y frustración. Por un lado, entendía el sufrimiento de James; verlo así, completamente roto, le recordaba a las veces que había visto a otros pacientes recibir noticias devastadoras. Pero también estaba el conocimiento amargo de lo que Edward le había hecho a Sofía, de lo que probablemente haría de nuevo si tuviera la oportunidad. Ella no podía seguir soportando eso, razonó Fernando, pero la frialdad de la realidad no hacía que entregar el sobre fuera men