La luz del amanecer comenzaba a filtrarse a través de las ventanas del hospital, bañando la sala de espera en un tenue resplandor dorado. Eleanor, agotada y con los ojos enrojecidos, se encontraba sentada en una silla rígida, con las manos entrelazadas en su regazo. No había pegado un ojo en toda la noche, y cada minuto que pasaba sentía como una eternidad.
Edward había salido bien de la intervención quirúrgica, permanecía en cuidados intensivos. James estaba en ese momento junto a él, quería