46. Desesperación
Gustavo marcaba una y otra vez el contacto de Sarada, con el rostro tenso y el corazón acelerado. Estaba desesperado. Ella apenas hablaba con él, prácticamente había desaparecido de su vida. Le había dejado claro, con sus palabras frías y secas, que ya no quería nada con él. Pero Gustavo no estaba dispuesto a rendirse. No después de todo lo que había hecho por ella.
Sus padres presionaban para que se casara con otra mujer, una elección conveniente, y aprobada por la familia. Pero su corazón no