CAPÍTULO 288.La velocidad de la caída.

Capítulo 288

La velocidad de la caída.

Carlos Herrera siempre había creído que lo más peligroso no era el ataque frontal, sino la espera. Durante años construyó su imperio con la paciencia de quien sabe que el verdadero poder no se exhibe: se administra. Por eso, lo que más lo descolocaba ahora no era la magnitud del golpe, sino la velocidad con la que todo empezaba a desmoronarse.

Demasiado rápido. Demasiado visible.

Estaba de pie frente a la ventana de su despacho, con el teléfono apagado en la mano. La ciudad seguía ahí abajo, ajena, viva, ruidosa. No había señales externas de que su mundo estuviera tambaleándose, y sin embargo él lo sentía en el cuerpo, en una presión constante en el pecho, en la mandíbula rígida que no lograba relajar.

—Esto no debería estar pasando así —murmuró.

Se dio la vuelta justo cuando Iván entraba, esta vez sin tocar la puerta.

—Tenemos otro problema —dijo Iván, sin rodeos.

Carlos no respondió de inmediato. Caminó hasta el escritorio, apoyó las manos sobr
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