—Deberías follártelo.
—¡Mónica! —Tanto Amara como yo chillamos escandalizadas mientras salíamos de los baños del gimnasio. Habíamos terminado nuestros ejercicios del día y estábamos cansadas y sudadas.
Habían pasado tres días desde que fui a visitar la casa de Alex y todo estaba tan raro entre nosotros. Una vez más, el castaño había fingido que nada había pasado, como si fuera un robot sin sentimientos dispuesto a atacar a quien se acercara de más. Él parecía completamente normal, pero yo… De