32. Hechos el uno para el otro
David recostó con suavidad a Sam sobre la cama mientras la besaba, sus labios recorrieron su cuello, sus senos que cabían perfectamente en sus manos y continuó su camino de besos hacia el sur, hacia su ombligo y luego abriendo sus piernas, beso sus muslos y su ingle y se detuvo en su sexo, deleitándose con su humedad.
Sam estaba extasiada con los labios y las caricias de David, y cuando su boca se concentró en su clítoris, sus gemidos se elevaron y pasaron a ser casi gritos que ella trataba de