El Maybach blindado no parecía en absoluto un vehículo de lujo, sino más bien un ataúd en movimiento.
Las pesadas puertas insonorizadas bloqueaban por completo el ruido caótico de las calles de la ciudad, sellando a Valentina en un vacío aterrador junto al hombre más peligroso del mundo. El trayecto de regreso al ático fue asfixiante. El aire era denso y completamente irrespirable.
Alejandro estaba sentado a su lado en el mullido asiento de cuero. No pronunció ni una sola palabra. No necesitaba