Valentina empujó el teléfono desechable robado en lo profundo, bajo el pesado colchón de la cama principal. Alisó las inmaculadas sábanas blancas hasta dejarlas perfectamente en su lugar apenas unos segundos antes de que se abrieran las puertas principales del ático.
Alejandro había regresado horas antes de lo que había prometido.
Entró a zancadas en la sala de estar con la energía magnética y aterradora de un conquistador. Se había quitado la chaqueta del traje y llevaba la corbata de seda afl