La dura luz azul del teclado digital arrojaba un resplandor enfermizo y aterrador sobre el pálido rostro de Valentina. Se quedó paralizada en la esquina del dormitorio principal, con la respiración superficial y completamente silenciosa. El pesado tapiz de terciopelo que había apartado colgaba pesadamente sobre su hombro izquierdo.
El texto de advertencia rojo en la pantalla de la caja fuerte la fulminaba con la mirada, sirviendo como un cruel recordatorio del control absoluto de Alejandro sobr