La cara de Jazmín estaba fría. Se puso furiosa al ver que Darryl ni siquiera miraba hacia atrás. En cambio, seguía corriendo. Levantó sus suaves manos, y unos cuantos rayos de resplandor frío se iluminaron, atravesando la oscuridad y fueron tras Darryl.
Chii. Chii. Chii.
Dondequiera que pasaba el resplandor frío, el aire generaba un chirrido agudo. Eran tan rápidos como el rayo, y en un abrir y cerrar de ojos, alcanzaron la espalda de Darryl.
Darryl se llevó el susto de su vida. ‘¿Qué arma se