Ya había amanecido cuando me tiré a la cama. La pequeña Stella estaba con sus padres, durmiendo tranquila mientras todos los que habitábamos la mansión nos encontrábamos en un constante dolor. No sabía nada de él. Hacía más de cuatro horas en las que el cirujano estuvo en su habitación. Intenté salir, pero había hombres en mi puerta para no permitir que eso pasase.
Qué mierda. &iques