El impacto reverberaba en cada fibra de mi cuerpo. Miré las tres pruebas alineadas en la barra del baño como si fueran los planos de un edificio que jamás diseñé, pero que ahora estaba obligada a construir. Tres confirmaciones. Tres veredictos. Positivo. Positivo. Positivo.
Me forcé a levantarme del suelo. Mis rodillas aún temblaban, pero la arquitecta dentro de mí comenzó a asumir el control, intentando transformar el pánico en una planilla de ejecución. Necesitaba orden. Necesitaba cimientos.