ARENA
—No, no voy a caer de esta manera… no en esta vida.
No grito. No porque no duela. No porque no esté cayendo. Sino porque me niego a darle esa satisfacción. El viento me desgarra los oídos. Violento. Implacable. El acantilado desaparece sobre mí, el cielo se encoge. La oscuridad asciende.
Hay un silencio. El dolor explota en mis costillas. Todo se hace añicos: huesos, aliento, pensamiento. Golpeo la roca —duro— y luego ruedo otra vez hasta que me detengo. Rota. Retorcida. Inmóvil.
Silenci