CASSAIN
Mantengo mi mano ligeramente sobre su espalda mientras la guío hacia mi coche, no porque no quiera tocarla, sino porque si lo hago como realmente quiero, no voy a poder detenerme.
—Aretha —digo sin girarme, abriendo ya la puerta del pasajero para Eve—. Danos un poco de espacio.
Ella se detiene. Puedo sentir su mirada clavándose en mi espalda.
—¿Espacio? —repite despacio, como si la palabra le supiera amarga—. ¿Qué tanto espacio exactamente?
Eve la mira, conflictuada.
—Aretha—
—La traeré