EVELESSA
—¡No! Dios, no...
Siento una desconexión repentina y se me rompe el corazón. Una manada de lobos... masacrada. Hasta el último de ellos. Hombres, mujeres y niños. Todos se han ido. Y el nombre que se susurra junto a la tragedia quema como veneno en mi pecho.
Thalrion.
Permanezco inmóvil en medio de la sala de guerra, con los dedos presionados contra el borde frío de la mesa. Los mapas están extendidos bajo mis manos, territorios marcados con tinta y magia; alianzas y fronteras que sig