Uno de los varones se acercó y me dijo, —Déjame ver dónde está roto, tal vez pueda remediarlo por ti.
El otro hombre intentó quitarle la chaqueta.
Magnolia quiso golpearlo de inmediato, pero alguien tiró de la muñeca mientras decía con voz fría, —¡No la toques!
Magnolia miró hacia atrás y se sintió inexplicablemente aliviada cuando vio a Ricardo de pie detrás de ella.
De repente sintió que estaría bien tener un guardaespaldas tan leal.
Sin embargo, aquel chico se enfadó un poco y le dijo a Ricar