David cogió con cuidado el móvil, temeroso de despertar a su hermana dormida.
Sacó el teléfono fuera, un poco confuso sobre quién era exactamente el Cabrón.
David no quería contestar, pero la llamada seguía, como si fuera una emergencia.
Entonces descolgó, —hola, ¿quién es?
Ricardo, al otro lado del teléfono, oyó una voz familiar, se puso serio, —¿David?
—¿Ricardo?
David no esperaba que el Cabrón fuera Ricardo, ¡y tuvo que decir que su hermana lo había anotado muy acertadamente!
Ambos hombres se