Al sentir la palma seca y fuerte del hombre, se puso rígida Magnolia.
Quería retirar la mano, pero la abuela las juntó con fuerza, como si les estuviera explicando sus últimas palabras, —si me pasa mal con la operación, deberían vivir de felicidad, no puede ser como en el pasado. Recuerdan, ya tienen un bebé.
Magnolia quiso llorar al escuchar las palabras de la abuela Vargas, —abuela, estarás bien. Después de todo, aún tienes que presenciar el nacimiento del niño.
La anciana señora Vargas sonrió