Con el corazón latiendo frenético, Magnolia sintió que se le helaba la respiración al ver a Carmen lanzarse hacia ella como un tren descontrolado. Por instinto, protegió su vientre, donde se encontraba su bebé, su esperanza.
En ese preciso momento, Rodrigo se acercó como un rayo, sujetando firmemente a Carmen y apartándola. Con los ojos muy abiertos, le gritó furioso: —¿Estás loca?
Una sonrisa extraña apareció en el rostro de Carmen mientras observaba el vientre de Magnolia, murmurando como una