Magnolia se marchó sin mirar atrás. Ricardo se quedó de pie en su lugar, observándola hasta que desapareció en la esquina del pasillo. Luego desvió la mirada y se dirigió hacia otro ascensor.
Magdalena apresuró el paso para alcanzarlo y preguntó con expectativa: —Ricardo, ¿qué tal si invitamos a mis hermanos a la fiesta de compromiso?
Ricardo respondió fríamente: —Como quieras.
Eso era sólo un trato de todos modos, no le importaba mucho.
Magdalena no se preocupó por su actitud distante y, en su