La repentina cercanía del hombre hizo que sus narices se tocaran.
Magnolia se quedó rígida, sin atreverse a moverse en absoluto.
¿Qué planeaba hacer Ricardo?
Al segundo siguiente, lo escuchó preguntar: —¿Sientes la diferencia de temperatura?
Magnolia parpadeó aturdida. Efectivamente, había notado que la frente de Ricardo estaba tan fría como un hielo.
En ese momento, se escuchó una tos desde la puerta. —Por favor, compórtense ustedes dos. Estamos en el hospital.
Ricardo se irguió a toda prisa.
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