Magnolia vio ese documento familiar y enseguida supuso de qué se trataba.
—Ya te lo dije —respondió sin tomarlo—, no quiero nada.
No necesitaba ninguna propiedad que él le diera.
El hombre frunció el ceño y dijo impacientemente: —No tengo tiempo para jugar a esto contigo
—Ricardo, nunca estaba jugando. Lo digo en serio —Magnolia giró la cabeza y lo miró, expresando con calma—. Dijiste que odiabas cuando manipulaban tu matrimonio, y bueno, ese asunto fue una fantasía mía desde el principio. Duran