La señora Vargas estaba enfadada, —¡nunca puedes casarte con mi hijo!
—Te vuelves a equivocar, no tengo intención de casarme con tu hijo, pero tiene mucha cara persiguiéndome. Me has recordado que si realmente quiere volver a casarse conmigo, puede considerarlo si está dispuesto a apellidarse Ruiz.
La señora Vargas gritó al instante, —¡Magnolia Ruiz, no sueñes!
—Entonces, vamos a ver.
Magnolia colgó enseguida, y pudo pensar en la cara que pondría la señora Vargas en ese momento.
Bueno, estaba co