Había cierta incomodidad en el ambiente en ese momento.
Magnolia enarcó una ceja con ganas de reír.
Obviamente, la persona presente más perjudicada fue Rosalía, pero el presidente, una vez que consiguió la cubitera, fue el primero en utilizarla él mismo.
Bueno, no había tanto cariño entre este padre y su hija.
El presidente reaccionó de inmediato y dijo, —Rosalía, meta tu mano aquí, y vas luego directamente al hospital para que no te quede una cicatriz.
Rosalía palideció de rabia, pero enseguida