Se pusieron serias Rosalía y la señora Vargas: no querían ir a la cárcel.
Rosalía miró inconscientemente al Presidente y dijo, —Yo soy la diferente.
La señora Vargas se mofó, —qué diferencia tienes, eres una hija bastarda.
Luisa cogió inmediatamente el brazo del presidente y le dijo, —Papá, vámonos al hospital, si te deja una cicatriz, el mundo exterior volverá a rumorear.
El presidente no dijo nada más tras oír esto, al fin y al cabo, este asunto no era conveniente tratarlo en ese momento, así