—Hola, linda. Soy Mariah—saludó gentilmente Alessia a la hija de Paul con una media sonrisa.
Aunque el dolor en su corazón se acentuó al saber que ellos dos habían tenido una hija, pudo disimularlo. Esa pequeña no es culpable de la escoria que tiene como padres. Así que la trata con ternura.
—Soy Hannah—saluda la niña con una voz angelical y sonríe. En definitiva, su madre no ha inyectado su veneno en ella. No todavía.
A pesar de que Alessia se mantiene con su rostro tranquilo, por dentro mu