Punto de vista de Antonio
Con la puerta rota, fue bastante fácil detectar la horda de soldados que se encontraba en el umbral, con una mirada dura fija en mí, Amelia y Damien.
¿Quién habría pensado que Amelia tenía algo que ver con esto? Supongo que no hay duda de que el Alfa siempre tiene razón. El que supuse que era su comandante empezó a hablar y la comisura de mis labios se curvó en una sonrisa.
—Suceden cosas inesperadas, ¿no? —cuestionó Amelia, con una sonrisa presumida y un gesto arrogante en el rostro mientras adoptaba su postura, colocándose al lado de Damien en una posición defensiva.
—¡Ahora pagarás por lo que has hecho justo después de decirnos dónde está Leila! —gruñó el hombre, y yo solté una carcajada inevitable. ¿Nadie le enseñó a este hombre a no hablar de más cuando está en territorio ajeno?
—Diviértanme. Me gustaría saber qué pasaría si no les digo dónde está —afirmé, avanzando y observándolos con mis ojos cargados de ira y al mismo tiempo de victoria.
—No quieres s